lunes, 21 de octubre de 2013

Sueños y no tanto

Hacete respetar.

Hola Alvaro, tanto tiempo.

Explicame como carajo te acordás de mi. O sea, nunca fuimos amigos. Ni siquiera compañeros de colegio. Apenas nos habremos visto 2 veces.

Yo recuerdo a la gente por las frases. Y por su apariencia física mientras me enseñaban.

Dale man, lo único que te dije fue "hacete resp...

Rubio claramente teñido o aclarado con agua oxigenada, gorrita roja, estabas arriba de una bici. Tenías 11 años.

Ahora debo tener como 23. O quizás esté muerto... HOLA, no nos conocemos.

Alguien a quien no puedo odiar me puso la mochila de "no molestes". Voy a tener ese peso de por vida. Creo que vos, quizás el personaje más aleatorio de mi memoria terminó otorgándole un sentido a todo. "Hacete respetar" ¡Qué buena frase!

Te estaban boludeando porque te habías viciado con los cuentitos de Ultratumba man. Él, te estaba boludeando.

Nelson

Me salió del alma, no pensé que fuese a influir tanto.

Todavía no le encuentro la vuelta. Esa mochila....

(EL ESCENARIO SE TRANSFORMA Y AHORA ES UN PASILLO DE PAREDES BLANCAS ILUMINADAS POR LA LUZ SOLAR, Y UN PISO ROJO DE BALDOSAS HEXAGONALES. EL PERSONAJE ES UNA SEÑORA, EXTRAÑAMENTE SUBIDA A LA ESPALDA DE SU INTERLOCUTOR)

Pelo negro, cara roja, frente arrugada. Así te voy a recordar siempre.

Aprendí a no llorar más. Ayudame con mi enfermedad y simplemente no molestes.

Soy una máquina de dejar las cosas por la mitad ¿Sabías?... Un pateador de tableros profesional. Y me estoy volviendo cada día más estúpido. Hasta parezco sordo, pero en realidad mi cerebro procesa las cosas a otra velocidad.

(VOZ EN OFF CON ECO, EL ESCENARIO ES DESCONOCIDO, PERO TIENE UNA TELE ENORME PASANDO UN PARTIDO CON UN EQUIPO VESTIDO DE AMARILLO)

Sos el Almirante Brown de la vida. El equipo chico... 

El que se conforma con un ascenso

Con un gol en un 8 a 1 en contra

Con la tribuna vacía y sin televisar

Das LÁSTIMA (la última palabra tiene un eco más pronunciado y parece ser dicho por varias personas a la vez)

(EL ESCENARIO ES UN PARQUE, Y LA INTERLOCUTORA ES UNA MUJER ATRACTIVA PERO CLARAMENTE ENOJADA)

¡Abrí los ojos! ¡Estás confiando en las personas equivocadas!

No se que hacer. No hay nadie que piense más allá de sus propios intereses.

Si seguís cortando todo al primer obstáculo, te vas a quedar muy solo.

Tengo que poder elegir, decir que no.

¿Por qué volvés a cometer otra vez los mismos errores?

Quiero... agarrarme de algo. 

Para la fotito posan todos. Para tirar un cable, o una patada voladora, olvidate... Espero que te haya gustado el piso las ochocientas veces que te caíste y tuviste que arrancar de cero. 

(UNA LUZ AMARILLA NUBLA TODO y una voz de mujer en off se va haciendo gradualmente más grave)

Te aprecio, y espero que te vaya muy bien.... 

(PARÁLISIS, NO SE PUEDE NI GRITAR)

Espero que algún día puedas ser feliz...

Sos el mismo espíritu de mierda que solo cambia de cuerpo

(PIP PIP PIP)

7:30. Hora de ir a trabajar.


  

lunes, 26 de agosto de 2013

Bloqueos mentales

¿Qué criterio es el que define quién está en peores condiciones qué otro? ¿Qué parámetro se tiene en cuenta para determinar quién tiene derecho a expresar su desdicha y quién tiene qué callarse la boca por respeto a quienes no son tan afortunados?

¿El riesgo de muerte?... Sí, creo que ese es casi el único que se tiene en cuenta. Y en ese sentido puedo decir que soy demasiado afortunado de poder escribir delante de mi computadora, con la calefacción encendida mientras afuera hay gente sin hogar que se caga de frío.

Ahora bien, creo que hasta el más desafortunado a nivel recursos, gana en otras cosas: sin ir más lejos, la habilidad para sobrellevar el día a día sin tener techo propio... el instinto de supervivencia, qué aquellos bobitos de clase media que se sientan a filosofar delante de la PC no tienen ni jamás van a tener. Eso es lo que nos permite hablar de progreso en diversas áreas sin sentirnos culpables por los eternos relegados. Eso es lo que nos permite estar tristes, aunque otros estén más tristes... y felices, aunque otros estén más felices.

Entonces, permítanme describir sin culpa, lo que a mi entender es la peor discapacidad del ser humano: El bloqueo mental.

Una situación que hace tambalear cualquier intento de progreso, que inhibe el cumplimiento de los objetivos en pleno proceso y, por sobre todas las cosas, hunde al individuo en el pesimismo a nivel progresivo. 

Desde el momento en que nos proponemos hacer algo, cualquier acción común y corriente, nuestro cerebro mide y evalúa posibilidades, beneficios, riesgos... 

Y todo comienza con un leve cosquilleo, un pequeño "chiste" que nos hace nuestra mente... y está en nuestro carácter la capacidad de ignorar ese primer pensamiento, o darle pie al aluvión de preguntas que nos van encerrando en ese bloqueo mental. Sí, el cerebro hizo la pregunta clave: "¿Y si sale mal?"... Y algo que parecía sencillo en primera instancia, comienza a complicarse a medida que las dudas van surgiendo. Los "¿Y si...?" salen disparados hacia todos lados mientras nuestros nervios motores empiezan a flaquear, y somos incapaces de encontrar las palabras adecuadas, los movimientos correctos, los accionares convenientes. Y en consecuencia, la respuesta a aquella pregunta inicial aparece delante de nuestros ojos. En el aquí y ahora, como decía mi profesora de teatro. Y un bloqueo mental no es como un error en el proceso, del cual se aprende y se corrige la vez siguiente. No. Esto es diferente. Un bloqueo, solo da pie a más bloqueos... y cada vez más frecuentes.

"Si lo presentamos así, parece puro chusmerío. Yo le daría una visión más, científica, por así decirlo. ¿Escucharon hablar alguna vez de las profecías autocumplidas?" 

Ernesto Radice, profesor de metodología del estudio, durante la presentación de un trabajo práctico. 


      

martes, 20 de agosto de 2013

Formas y acciones

El orejón Acosta.... no me acuerdo su nombre, pero era de esas personas cuya mención se asocia directamente a una parte de su cuerpo. Mi profesor de biología de segundo año, se metió sin querer en la lista de personas que me dejaron una enseñanza de vida, que nada tuvo que ver con su asignatura:

"Muchachos, cuando se consideren perjudicados por un error ajeno, siempre vayan predispuestos a dialogar. El grito o la protesta desmedida siempre genera rechazo".

Es de esas cosas que uno ya sabe internamente, pero que al escucharlas con la voz de otra persona nos despierta esa sensación de "identidad", por decirlo de alguna forma. De identificarnos con una idea, ahora materializada en palabras y gestos.

Sin irme más por las ramas: la forma de expresarse vale mucho más que lo que se quiere decir. Es más, las formas valen más que las acciones. Al menos desde la perspectiva de querer ser "buena persona", ser humilde a la hora de plantear situaciones ya cubre un 80%. El otro 20% son las tan sobrevaloradas y a la vez tan invisibles "buenas acciones".

¿Cual es la diferencia?: Las formas son para que el otro se sienta cómodo, y las buenas acciones son, en definitiva, para sentirse bien con uno mismo.

Al soberbio y al calentón no los quiere nadie muchachos, y la habilidad de basurear sin culpa jamás va a ser un punto a favor.


"Acá es cuando le matan al amigo y el tipo se enoja" Sergio Urtubey, explicando gráficamente cómo se sienten las manos tocando paradiddles por primera vez.

sábado, 22 de junio de 2013

Analogía futbolera

Vamos a suponer que la vida es una cancha de fútbol. Un amplio territorio con compañeros que persiguen un objetivo común y nos ayudan, y gente que constantemente nos quiere perjudicar en pos de conseguir sus propios beneficios. Los hinchas son el ojo crítico. Los que delegan en nosotros la responsabilidad de contribuir hacia el cumplimiento de sus metas. 

Cada cancha tiene sus propios límites, sus propios defectos, y su propia convocatoria. Está en nosotros intentar mejorar nuestra capacidad y pasar de una vida menos ambiciosa a otra más fructífera. Un arma de doble filo, por cierto. Mientras más alto volemos, mayor sera nuestra responsabilidad: aquellos que dependían de nuestra labor, en un principio eran 50, y hoy quizás son 50.000. Hay qué saber estar a la altura de las responsabilidades.

Luego está la forma de encarar la vida: cada partido es una situación nueva. Y aquí quiero detenerme en un punto en particular: La Felicidad.

La felicidad no es el gol: El gol es simplemente eso, una meta. Y las metas cumplidas conducen al progreso, no necesariamente a la felicidad. Está en nosotros conservar la felicidad mientras sumamos goles.

Entonces, ¿Es el camino?: Tampoco. Eso sería depender íntegramente de los espacios que te dejan los rivales, o de los errores que ellos cometan. Pero nos vamos acercando. El camino lo podemos generar nosotros, a través de nuestras actitudes.

¿Es la forma de jugar?: No, pero es similar. La forma de jugar es lo que distingue a aquellos que conservan la felicidad y aquellos que la pierden en el camino.

¿Es la pelota? Bingo. Si señores, la pelota es la felicidad. Y por supuesto, las características de cada jugador son las que determinan quien va a ser feliz durante más tiempo, y quién va a encarar el partido de mal humor.

Los jugadores rápidos, son aquellos que quizás tienen el defecto de no disfrutar los momentos que les toca vivir. Los jugadores más sabios son aquellos que se bancan la presión de los rivales, y sin perder el balón contribuyen a que otros se acerquen al objetivo común. Los jugadores que no entrenan o no se esfuerzan, siempre van a ser más propensos a perder la pelota y contribuir a un objetivo rival más que a uno propio.  

Yo, por mi parte... soy arquero. Soy, al igual que los defensores, uno de los encargados de recuperar la felicidad colectiva. Pero disfruto también del privilegio de evitar que se cumplan las metas rivales. No hay nada más lindo que escuchar un "UUUHHH" ante un objetivo casi cumplido. 

Cómo contrapartida, mis errores son mucho más graves. Si pierdo la felicidad, mis compañeros se contagian al instante. 
Y por otro lado, no suelo contribuir directamente en el cumplimiento de las metas. Soy el que se queda en el fondo mientras mis compañeros se arriesgan. Por eso, como arquero, suelo disfrutar de los pequeños placeres. Puedo recordar un par de veces en la vida, en las que salí jugando y, si bien mis acciones no terminaron en gol, tuve la posibilidad de tirar un par de caños deliciosos. También he tirado asistencias directas a mis compañeros, para que en momentos difíciles puedan convertir. 
Y bueno, para llegar a objetivos personales, no me quedó otra que cambiar de posición. Eso es algo que afortunadamente, la "cancha" permite, siempre y cuando el esfuerzo personal acompañe.

¡A jugar se ha dicho !


El último 9 de área que me tocó enfrentar, me amagó y me metió la felicidad entre las gambas cuando ya casi la tenía en mis manos.

 

jueves, 20 de junio de 2013

sábado, 8 de junio de 2013

Gorgorys everywhere

Ayer fui víctima de una "sustracción de un aparato de telefonía satelital, causado por un malviviente". Parece que lo único que enseñan en las academias de policía es a redactar. El resto, vergonzoso. Paso a contar:

Estaba delante de un locutorio en Jean Jaures y Valentín Gomez. Mi celular estaba fallando (personal zafó de un par de reclamos), con lo cual saqué mi aparato para buscar un número y entrar al locutorio.
En eso, apareció uno de los muy comunes "negros manos de pinza y piernas de correcaminos", aquellos que están metidos en el arte de robar, que en velocidad son capaces de agarrar cualquier cosa sin que se les caiga y sin desacelerar la marcha. La cuestión es que ese sujeto me manoteó el celular y salió corriendo. Creo que el chabón no tenía en mente que yo realmente estaba dispuesto a perseguirlo hasta las últimas consecuencias. Y así fue: lo perseguí por Jean Jaures, dobló en Valentín Gomez. A todo esto yo iba gritando "ME ROBÓ EL CELULAR, AGÁRRENLO"... algunos intentaron franquearle el paso, pero el muy hijo de puta era realmente muy rápido. Dobló en Ecuador, y casi en el final de la cuadra un poli lo agarró y lo acorraló contra la pared.
El chabón juraba que no tenía el celular encima, que él no había sido. El poli llamó a un patrullero y en instantes llegó. Y aquí comenzaron algunas fallas:

1) La verdad es que ni se molestaron en palparlo bien. Yo, de ser necesario lo hubiese puesto en pelotas. Porque, analizándolo en frío, jamás perdí de vista al ladrón y estoy convencido de que nunca soltó el celular.

2) Mientras volvía con uno de los polis a ver si había soltado el celular en algún lado, un encargado de edificio preguntó "¿Y... lo agarraron?, Yo vi como ese de azul le manoteaba el teléfono y los amigos salieron corriendo para Corrientes, andá a saber si no se lo pasó a uno de ellos". 
Aquí había un testigo, que de hecho vio más que yo.... y más tarde, en el acta de denuncia, hubo que poner "no había testigos", simplemente porque la policía no se tomó el trabajo de tomarle declaración a dicho encargado.

3) Los polis que llegaron después me pidieron que diga que "al ladrón lo interceptó el patrullero", porque quién realmente lo agarró estaba terminando su turno, y no se quería quedar a dar declaraciones. 

4) Mi apellido, copiado de mi documento y todo, quedó mal escrito en el acta.

5) Cuando me estaba yendo me dieron otro papel, que me iba a servir para el seguro. Sin embargo, dicho papel también estaba mal redactado. En ningún momento aclaraba que me robaron el celular. 


Pero, qué le vas a discutir a la policía.... me hacen acordar al jefe Gorgory.

Sólo espero que el negro ese, esté adentro un buen rato. Porque por lo que escuché, ya tenía antecedentes. 

martes, 28 de mayo de 2013

Llanto ficticio

Siempre el mismo pasillo largo, con el suelo de azulejos blancos que se pierde en una puerta vaivén color madera, con ventanas redondas. Ese pasillo lleno de historias de sufrimiento, de plegarias, de lágrimas. El pasillo de las malas noticias y de las falsas esperanzas. Los asientos de gente que sufre en silencio, esperando lo previsible, lo inevitable… lo peor.

En ocasiones, tengo una forma bastante peculiar de matar el tiempo durante los viajes en transporte público. Por lo general, mi ubicación en el colectivo es de cara al resto de los pasajeros, en esos asientos que apuntan al fondo del bus, y donde nadie quiere sentarse por miedo a los supuestos mareos.

Y desde allí, con la música de mi celu sonando en mis oídos, miro las caras, e invento historias.
Desde cosas entretenidas como imaginar “¿Quién la puso ayer?”, “¿Quién va a ser el próximo en morir?” o intentar adivinar la edad de los pasajeros, hasta cosas un poco más complejas, como por ejemplo “¿Cómo se tomaría determinado pasajero, la noticia de la muerte de un ser querido?”. Y siempre lo ubico en el mismo escenario:

En la sala de espera del  hospital, sentado, en silencio… con los ojos llorosos. A veces acompañado por alguien, igual o peor que el/ella a nivel emocional. Y la puerta del fondo, de pronto se abre. Con el semblante serio, un médico ya acostumbrado a comunicar malas noticias, sale caminando lentamente hacia el familiar de la víctima. Y aquí la historia va cambiando… algunos levantan la cabeza, incluso se levantan de la silla con un millón de preguntas hacia el doctor. Otros simplemente, se quedan sentados, mirando el suelo con la cabeza gacha, tragando saliva como único indicio de que vieron salir al doctor.

“Hicimos todo lo que pudimos…”

Los que están acompañados simplemente se abrazan y lloran desconsoladamente. Los que vienen solos, a veces lloran, a veces se muerden los nudillos en un intento por atenuar la tristeza. Pero la peor reacción es la de aquellos que sufrían en silencio: simplemente, miran al doctor con los ojos rojos y húmedos… lo miran a los ojos durante unos segundos, sin decir palabra. Y simplemente asienten, cerrando los ojos, y una única lágrima qué concentra todo su dolor, baja lentamente cruzando todo su rostro. Esos son los que realmente me hacen lagrimear en pleno viaje, mientras me meto más profundamente en su cabeza, en los recuerdos ficticios que yo mismo les invento, y que varían según el ser querido que se les muere:

“Te quiero, pa…”

“El día que yo no esté más, vas a tener que ser fuerte…”

“Dejame mirarte a los ojos, por última vez…”

Y allí vuelvo… mi música sigue sonando de fondo, y de pronto pienso que, mientras muchos de nosotros sufrimos por cosas superficiales o caprichos del momento, varias personas realmente tienen motivos para llorar.